Llega el calor y las chanclas se convierten en el calzado estrella. Son cómodas, frescas y prácticas para la piscina, la playa o un paseo veraniego. Pero lo que muchos no saben es que abusar de ellas o usarlas para lo que no están pensadas puede pasar factura a tus pies y, por sorprendente que parezca, a tus rodillas y tu espalda.
No se trata de renunciar a ellas, sino de saber cuándo y cómo usarlas. Te contamos qué hábitos con las chanclas pueden ser peligrosos y cómo cuidar tu salud sin dejar de disfrutar del verano.
Por qué las chanclas pueden ser un problema
El principal inconveniente de la chancla plana típica es que apenas sujeta el pie. Al no tener talón cerrado, los dedos tienen que «agarrarse» constantemente para que no se salga, lo que genera una tensión continua y poco natural en el pie a cada paso.
Además, este tipo de calzado no ofrece ninguna amortiguación ni sujeción del arco plantar. El impacto de cada pisada se transmite sin protección hacia el tobillo, la rodilla, la cadera y la espalda. Usarlas de forma puntual no pasa nada, pero abusar de ellas puede acabar generando molestias.
Los hábitos más peligrosos con las chanclas
El problema no son las chanclas en sí, sino el uso que a veces hacemos de ellas. Estos son los hábitos que más conviene evitar.
Usarlas para caminar largas distancias
Las chanclas están pensadas para trayectos cortos. Utilizarlas para caminatas largas o para estar todo el día de pie somete al pie a un esfuerzo para el que no está preparado, favoreciendo la fatiga y las molestias.
Hacer deporte o actividades intensas con ellas
Correr, jugar o hacer cualquier actividad exigente con chanclas es una de las principales causas de torceduras y esguinces de tobillo en verano. Al no sujetar el pie, el riesgo de un mal apoyo se dispara.
Conducir con chanclas
Aunque es muy habitual, conducir con chanclas es peligroso: pueden engancharse en los pedales o salirse en el momento menos oportuno, dificultando una frenada. Mejor llevarlas en el coche y ponérselas al llegar.
Llevarlas todos los días, todo el día
Convertir la chancla en tu único calzado durante todo el verano mantiene tus pies sin sujeción ni amortiguación durante semanas. A la larga, esto puede provocar dolores en la planta, en los talones e incluso alterar tu forma de caminar.
Usar chanclas viejas o desgastadas
Una chancla gastada, con la suela deformada o sin agarre, pierde la poca protección que ofrecía y aumenta el riesgo de resbalones y malas pisadas.
Qué molestias pueden aparecer
El abuso de las chanclas se asocia a problemas como la fascitis plantar (dolor en la planta del pie), tendinitis, dolor en los talones, molestias en las rodillas y en la zona lumbar, y un mayor riesgo de esguinces de tobillo. Muchas de estas molestias aparecen justo después del verano, sin que asociemos la causa al calzado.
Cómo usar las chanclas de forma segura
La clave está en el sentido común y en elegir bien. Algunos consejos para disfrutarlas sin riesgos:
- Resérvalas para lo suyo: piscina, playa, duchas comunes y trayectos cortos.
- Elige chanclas de calidad: con algo de sujeción, una suela con amortiguación y, si es posible, que se ajusten al pie.
- Alterna el calzado: no las conviertas en tu única opción; combina con calzado que sujete bien el pie.
- Evítalas para deporte y para conducir.
- Renueva las gastadas: si la suela está deformada o sin agarre, cámbialas.
Cuida tus pies todo el año
Las chanclas son perfectas para el verano si las usas con cabeza. El problema llega cuando se convierten en el calzado de todo, para todo. Escuchar a tus pies y darles la sujeción que necesitan es la mejor forma de llegar al final del verano sin molestias.
Si notas dolor en los pies, los tobillos, las rodillas o la espalda tras el verano, no lo dejes pasar. En FYOS Salud lo valoramos y tratamos con fisioterapia traumatológica y osteopatía, ayudándote a recuperar tu bienestar. Pide tu cita y cuida tus pies como se merecen.
